Los Archivos Públicos de la Biblioteca Nacional están a un par de cuadras del Parlamento de Canadá, la sede de un gobierno que ha pasado a convertirse en los últimos años en lugarteniente de las aventuras bélicas del Papito Grande del Sur, cuyos sondeos de opinión muestran sin embargo a una opinión pública un poco menos adicta a las empresas bélicas de su país que la canadiense. Pero en una muestra del espíritu democrático de este sistema, que es como la otra cara de la medalla, es en una sala de esta imponente construcción abierta al uso de la comunidad donde tiene lugar esta noche la conmemoración del 11 de septiembre de los pueblos de América, recordando una derrota de hace 34 años en Santiago de Chile que en una de éstas lleva en el vientre el germen de una futura aunque remota victoria total. Cuya alternativa es quizás un Apocalipsis Prolongado en el que puede que estemos dando los primeros pasos.
A este 9/11 alternativo convocado por los Poetas Antiimperialistas de América bajo el título de Sin miedo/ Without Fear llega un puñado de latinos, chilenos, canadienses, un poeta visitante de Chile, un autor árabe de la ciudad, poetas, editores, profesores universitarios. Llueve, es día de trabajo, la participación del país en la guerra de Afganistán crea en esta fecha una atmósfera un poco paranoica, después de todo estamos en un país movilizado, con un gobierno conservador que se adivina mucho más derechista que lo que su situación porcentual en las cámaras del país le permite demostrar, que viene saliendo de una reunión con los mandatarios estadounidense y mexicano básicamente sobre seguridad y que acaba de oponerse a la resolución de las Naciones Unidas sobre los Pueblos Indígenas. Entonces no son muchos los que se atreven a hacerse presentes en este acto, pero la gente nos hace llegar mensajes de adhesión y solidaridad, a los que poco a poco se van agregando correos electrónicos de los cuatro costados del mundo, para saludar el acto, esta fecha, y a los lectores Sergio Mansilla, César Castillo, Carolyn Marie Souaid, Elías Letelier, Endre Farkas y Jorge Etcheverry.
Llegan así las palabras de Alejandro Mújica Olea, Leo Lobos, Lucía Giaquinto, Claudio Durán, Salvador Arguello, André Cruchaga, Margarita Feliciano, Pedro Fritis Arcaya, Náyade Quintana Sepúlveda, Lucía Giaquinto, Ana María Vieira Vera, Sergio Badilla Castro, Stuart Ross, Teresinka Pereira, Camila Reimers, Manuel Girón, Laura Ávalos, John Wheat Gibson que desde Estados Unidos nos dice que “Ser humano es ser poeta, y ser poeta es ser anti-imperialista”.
Elías Letelier, director de la editorial y creador del concepto virtual de los Poetas Antiimperialistas, oficia de maestro de ceremonias y se explaya sobre la función democrática y la esencia profundamente humanista de la vocación y ejercicio de la poesía, elabora sobre la gran actividad cultural y poética que hubo en el Chile doblegado bajo la dictadura, cómo la palabra es un arma. Lo que no es extraño, ya que en general la reacción, o como se llama, la derecha, no suele tener escritores o artistas, ni menos poetas. Sólo me acuerdo por ejemplo de Saint John Pherse, funcionario colonial que no celebra el imperio sino que más bien aparece fascinado por la cultura y existencia de los pueblos sometidos a la Francia colonial.
Y el poeta chileno Pepe Cuevas nos envía tres poemas acompañados de estas palabras “con mi saludo y afecto antiimperialista”, uno de los cuales leemos y reproducimos:
Su Pueblo
Es su pueblo el que va allí/náurago/ de zapatos rotos/ va/ encorvado va
mórbido/ gordo/ gente canosa/ menospreciada
por la vida
es su pueblo/ bacanes/ patanes/ malos
comiendo sopaipillas/ de aceite
negro como el alma / de su pueblo
su pueblo de cuello subido/ mechas tiesas chomba china pueblo arrastrado que
se va a prender
la tele/
les gusta la tarjeta les gusta/el crédito
aman tanto tener celulares
para pasear por la Polar mirando encaramados
Una vida entera murallones latas / Ripley/ Falabella mira mira pero no ve/
su pueblo
que consume pasta /yerba/ canuto cogollo/ una gran aglomeración
traspasada por el humo del smog/ ladrones cafiches golpeadores de mujeres/
y niños /va ahí
con sus aros y cabezas rapadas de exobreros siderúrgicos/ metalúrgicos/
manufactureros tristes
hacen cola para pagar dividendo/ de frente
a financieras / deudas de la vida/ hediondos
a pata/ estomago malo/ cuerpo malo/ y gritan la guè la gueà la gueà
en los centros de pago junto a parlantes
que ofrecen pollo inflado con hormonas/ posta /papas fritas
mucha pero mucha papa frita en el mismo aceite negro antes/dicho
porque todos están en Dicom/ y nadie los ayuda no les llega ayuda
las autoridades no ayudan/ las grande empresas no ayudan
enfermos de bronquitis crónica / tienen várices cirrosis/nadie los ayuda
están con depresión están con pastillas
y nadie los ayuda / no los apoya
en los hospitales repletos tirados
en camillas/ gritan/ los llaman por sus apellidos / igual
que en las comisarías/ y cárceles/ los cementerios/ el gonzález/ el cid/ el
araya
el tobar la chica nena/mucho/ pero mucho vino
Es mi pueblo / no hay nadie que se recuerde de nada/ no hay viejos de la UP
nada de eso/ no se meten en política/ las hordas bacán/ se paran los pelos
con Gel
van de una acera a otra/ pulento/ bacán / terrble bacán
terrible bacán/ pulento bacán / terrible bacán.
Y terminamos de leer y finaliza el acto y nos tomamos un vino solidario y hacemos un brindis que extiende sus alas como un pájaro tenue pero siempre presente y saluda a los poetas y sus utopías, sus vocaciones, sus realizaciones, la pelea que dan desde sus variadas trincheras. Y nos vamos a casa pisando apenas el suelo, a un sueño liviano